Mostrando las entradas con la etiqueta filosofando. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta filosofando. Mostrar todas las entradas

agosto 26, 2013

Eclectico

He pensado el último tiempo (unos 4 meses) lo ecléctico que son mis contenidos. 

Por un lado soy un estudiante terminal de química (y Mg en Química) que trabaja sobre una enzima con Mecánica Cuántica y Química Computacional. Suelo estar discutiendo sobre el uso de programas, características enzimáticas y condiciones termodinámicas de reacción. Más aún con la escritura de mi tesis (y su corrección, aún en desarrollo).
Por otro lado este semestre soy profesor. Podría resolverlo en dos grandes áreas. Física y STS (:3) La primera con 4 secciones de laboratorio de Calor y Ondas en la UMayor, donde veo péndulos, resortes, ondas y simulaciones; más un auxiliar de Electromagnetismo.
La otra es aún más diversa. STS se descompone en 3 cursos "El poder de la Tecnología", "Introducción a la Sustentabilidad" y "La Química: Ayer y Hoy" los que hablan de la relación hombre-tecnología-ambiente-ciencia y constituyen campos poco explorados en las dinámicas culturales y educacionales de Chile. 
También estoy estudiando elementos conceptuales de pedagogía, especialmente de Didáctica y Evaluación, para sistematizar mis prácticas pedagógicas que datan de hace 11 años y nunca han tenido un análisis formal. Entre eso se incluye un diploma al que me inscribí para mejorar mi docencia. Ya que #LaEducaciónseCambiaenelAula
Tengo además mis contenidos políticos: Educación Publica, Gratuita y de Calidad; Elementos de Izquierda no partidista (abusos empresariales detectados, falencias del gobierno actual), Libertad de la Información y Ciencia para todos.
A esto sumarle mis intereses ñoños: Ciencia Ficción Literaria, Pokemon, Juegos de Rol, Narración (incluso en elementos académicos); Mis conductas sociales (ser ciclista, ser votante, donante de sangre, mi interconexiones sociales, ser lector, ser marchante y también ser global)

Y he llegado a la conclusión que todos los días son un poco más ecléctico. Creo que esto es algo que la globalización tiene implícito (como muchas otras cosas) y podríamos comenzar a asumir nuestras condiciones solapadas filosóficas para convenir en que cualquier acción colectiva ya no será respuesta a una sola alternativa, si no un consenso externo de los consensos internos, que logremos converger, luego de priorizar nuestro eclecticismo intelectual. 

febrero 27, 2013

Everything is in Rigth Place

PRESIONE PLAY ANTES DE LEER

"The most thought-provoking thing in our 
thought-provoking time is that we are still not thinking."
Martin Heidegger

Este mes por primera vez en mi vida que tengo tantos amigos fuera. Algunos en Argentina, estudiando, otros en Europa de vacaciones, o adentrados en la nación del norte recorriendo lo último en el modelo capitalista. Otros explorando lugares exoticos como Rusia, India, Marruecos y Sudafrica. Algunos también dentro del propio Chile buscan y rebuscan su lugar. Como Tity, que se cambia de ciudad para buscar suerte como abogada, a un pueblo muy distinto a su Vitacura habitual. Otros ya planifican cambios mayores: Cristina con su pololo Miguel se van a Argentina, juntos, a estudiar y vivir por unos 6 +/- 1 mes.



Cambios hay en todo momento. Quizás, como dijo Robin en "How I met your Mother" lo unico que no cambia es que todo cambia. También lo dice Simón en "Inbetweeners" o Amy en "Futurama". Los movimientos de las personas y las cosas están constantemente en un devenir (como dice el Filosofo Heráclito en los inicios del pensamiento contemporáneo occidental). Sabemos que las cosas que estàn, algún día ya no estarán.

Pero el día de la junta-despedida de Tity, hace dos domingos, sentí algo extraño y cosmico. Cuando había terminado todo y me fui caminando hacia el poniente por calle Rododendros, el playlist de mi celular cayó en está canción de Radiohead, canción que siempre me deja con la sensación de que nos observan y nos escuchan. Con la sensación de que cada mariposa aletea con un motivo y que el tan ansiado sentido que buscamos en nuestras vidas, ese esquivo y tan idealizado sentido está en el aprendizaje que nos deja cada cosa en su lugar. 

Confieso que los viajes de mis amigos y mis cercanos, los movimientos para el norte y para el sur los he sentido con cierta peculiaridad en estos días. El viaje de gaptone a Brazil, la practica de Adrian en La Serena, el regreso estival de Jonás a sus tierras junto a Rebeca y las imagenes de Martina recorriendo Sudamerica. Los atardecerés de Gabriel, las historias de Rosa en el intenso Marruecos, los viajes de Nicolás por Europa y sus charlas en Mexico y Brasil; Los significativos mensajes y llamadas de Oscar en Miami y Cartagena de Indias. Todos esos pequeños hilos invisible, pero efectivos, que creamos con las personas se tensan misteriosamente en los viajes. Incluso de personas que solo haz saludado una vez como @stark contando su viaje a la MadrePatria me han cuadrado en un rompecabezas simbólico  pero también narrativo. 

¿Donde verdaderamente estamos? ¿Es el lugar correcto? ¿No estaríamos mejor en otro lugar, con otros tiempos y tal vez con otras personas? La ciber-realidad que nos compone hoy la materialidad de nuestras ideas es un hipervinculo a nuestros afectos y anhelos que nos capacita de seguir unidos a pesar de la distancia. Esas distancias que hoy tienen a Daniel bordeando el Estrecho de Gilbraltar y sus culturas o esas que tienen a Claudio viviendo un mes en La Plata no son solo latentes o simbolicas, si no que son reales y concretas, a pesar de su digitalidad. Heidegger (mi tocayo) dice que estamos en el mejor de los mundos posibles. Aunque el mundo de hoy, postmoderno, postmaterialista y postcultural es diferente a la bipolar realidad que configuraba los años de su producción intelectual. Las certezas son  nuestras creencias y nuestras creencias son nuestras falacias en la arquetipica y multinarrada realidad.

Pero si algo he aprendido este mes entre lecturas de viajes, cuentos y realidades es que las cosas que nos conectan, nos hacen vernos en el presente, son las que ubican todo en el lugar correcto; Nuestro pensamiento. 

febrero 11, 2012

Odio a los indiferentes. (A. Gramsci)


Odio a los indiferentes. Creo que vivir es tomar partido. Quien verdaderamente vive no puede dejar de ser ciudadano ni de tomar posición. La indiferencia es abulia, es parasitismo, es cobardía, no es vida. Por eso, odio a los indiferentes. La indiferencia es el peso muerto de la historia. Es la bola de plomo para el innovador y la materia inerte en la cual frecuentemente se ahogan los entusiasmos más esplendorosos.

La indiferencia actúa poderosamente en la historia. Actúa pasivamente, pero actúa. Es la fatalidad, es aquello con lo que no se puede contar, aquello que confunde los programas, que destruye los planes mejor construidos. Es la materia bruta que se rebela contra la inteligencia y la sofoca.
Lo que ocurre, el mal que se abate sobre todos, no se debe tanto a la iniciativa de los pocos que actúan, como a la indiferencia de muchos. Lo que ocurre no ocurre tanto porque algunos lo quieran, sino porque la masa de los hombres abdica de su voluntad, deja de hacer, deja promulgar leyes que después solo la revuelta hará anular, deja subir al poder hombres que después sólo una sublevación podrá derrumbar.

Los destinos de una época son manipulados de acuerdo con visiones restrictas, objetivos inmediatos, ambiciones y pasiones personales de pequeños grupos activos, y la masa de hombres lo ignora, porque no se preocupa. Por eso, odio a los indiferentes también por esto: porque me fastidian sus lamentos de eternos inocentes. Pido cuentas a cada uno de ellos; cómo han acometido la tarea que la vida les ha puesto y les pone diariamente, que han hecho, y especialmente, que no han hecho, y me siento en el derecho de ser inexorable y en la obligación de no derrochar mi piedad, de no compartir con ellos mis lágrimas.

Vivo, soy militante. Siento ya en la consciencia de los de mi partido el pulso de la actividad de la ciudad futura que los de mi partido están construyendo. En ella, la cadena social no gravita sobre unos pocos; nada de cuanto en ella sucede es por azar ni producto de la fatalidad, sino obra inteligente de los ciudadanos. Nadie en ella está mirando desde la ventana el sacrificio y la sangría de los pocos. Vivo, soy militante. Por eso odio a quien no toma partido. ¡Odio a los indiferentes!”.

Extractos de “La Ciudad Futura”, revista cultural publicada por Antonio Gramsci el 11 de febrero de 1917, Italia.

febrero 06, 2012

No me gustan las dictaduras


De niño crecí en una plaza de Vitacura en un barrio residencial y tranquilo, donde todos los sábados y domingos salíamos a jugar. Corríamos, gritábamos, estábamos envueltos en nuestra niñez, en el ensueño que tanto agrada que nos lleve el juego, el agón (como lo define Callois) con el amigo, que terminaba en risas a veces, en riña otros momentos. Eso fue así la mayoría del tiempo que viví allí.

Pero recuerdo una época donde Gabriel, un chico mayor que nosotros, ya de enseñanza media dominó la plaza y nuestros tiempos. Una especie de dictadura de la experiencia. Cada vez que jugábamos, hacíamos lo que el decía y por parecer más grandes, más maduros y menos infantiles -ahí de nuestra ingenuidad- jugábamos lo que nos pedía. En esos tiempos salían cosas muy lindas. Formábamos obras de teatros para nuestros padres y vecinos, donde interpretábamos papeles Pato, Esteban, Natalia, Felipe y Francisco. Todo bajo la dirección de Gabriel... Otras veces terminábamos todos peleados, porque alguno no quería hacer algo que Gabriel dijo. Los demás nos poníamos en la contra del desertor, que algunas veces fui yo y en otras oportunidades era otro, al que lacerábamos con nuestra negación, con no “querer integrarse” con “querer ser distinto” y lo excluíamos hasta que no tenia(mos) más opción que jugar el juego de Gabriel. Creo que esta fue mi primera experiencia racional con una dictaduras.

El germen de la dictadura está en el autoritarismo, el que se produce por dos causas a mi modo de ver: Una persona con ansias de poder, de control absoluto sobre otros y por otro lado, una población ignorante y temerosa. La dictadura no solo se produce con armas y muertos, aunque esa es la forma más terrible que le conocemos. Vivimos muchas veces presos de la dictadura del sistema, de la razón o de la forma. Este autoritarismo es un constructo humano a partir del miedo y la inferioridad y estos son, a mi modo de ver, sentimientos que atentan contra la comunidad y la construcción social por parte de los individuos.

Poco antes de entrar a la Universidad, en el laboratorio de química del colegio escuchaba las historias de Juana y Lidia sobre los años ochenta y los papeles que jugaban ciertos personajes de la vida publica: Chadwick, Longeira, Piñera, Coloma. Ellas les toco gritarle en más de una ocasión lo imbéciles que eran y que defendían a asesinos y torturadores. Yo conocía poco o nada de esa época y mi mamá llego a Chile el año 82-83 a estudiar Farmacia, dentro de un nicho de “oficialismo” que la mantuvo alejada de muchas cosas que pasaban en la realidad de Chile. Solo recuerdo sus historias sobre las vacaciones en Chile en su época escolar y el desabastecimiento que suplían desde el otro lado de la cordillera. Cosas que controlaba un grupo de la población y que tenían a medio Chile pasando hambre, mientras unos pocos se las ingeniaban para satisfacer la demanda.

En la universidad debe ser donde más he aprendido de la dictadura militar chilena (1973-1990) Ya que en el colegio me hablaban mucho del Golpe, el tanquetazo, los procesos previos a esto, pero poco de los emblemáticos casos de derechos humanos que en ciertas fechas del año son recordados por la televisión. Una historia incompleta que el cementerio general, el centro y ciertos monolitos daban algunas pistas pero no las suficientes.

A través de mis amigos con familias más de izquierda especialmente la Tava y Amaru comencé a aproximarme a lo que se vivío en la época. Hoy, como respuesta a la alternancia en el poder podemos enterarnos por cada vez más documentales, muestras, museos que paso en realidad, cosas que ni el informe Rettig ni las comisiones formadas son capaces de dar cuenta en más de veinte años de la vuelta a la democracia. Son procesos que uno descubre en las conversaciones tristes y sentidas de familias cortadas hace varias décadas, a tíos desaparecidos, profesores que dejaron cátedras a medias, personas en esencia cuyas existencias materiales fueron truncadas dejando solo atisbos de ellos. Un testimonio altamente presente en la sociedad, pero que es reinterpretada por la siguiente generación.

Recuerdo que cuando recorrí una muestra de Arte en el MAC (Museo de Arte Contemporaneo) un artista dejo una serie de 15 fotos de un chico, que vivió cerca de los años sesenta, y luego estudio Veterinaria en la Universidad de Chile. Ese chico fue asesinado por motivos políticos a los 23 años, siendo aún estudiante y además de esas fotos que mostraban su crecimiento estaban sus cuadernos de la primaria y secundaria, los apuntes torpes con los que aprendió a hacer sus primeras sumas, sus primeras ideas convertidas en texto o los relatos ya casi olvidados de la dictadura de Carlos Ibañez que parece una fiesta (de sangre) de cinco años frente al Carnaval conche-de-su-madre de desaparecios y muertos orquestado por Pinochet (y la CIA, los poderes fácticos, las viejas de mierda, los empresarios y muchos militares de ese tiempo) Una de tantas vidas, una de tantas historias sin final feliz.

...Una de las historias que representamos alguna vez en la plaza fue la de un bombardeo. En ella la ciudad (que pintábamos en el reverso de una mesa de ping-pong) terminaba cubierta en rojo y negro, en explosiones. Recuerdo que los personajes morían y solo quedaba uno al que luego de un tiempo se le asignaba en control de esa lejana tierra caída en desgracia. Nunca nadie decía que el fue el bombardero, como un ensueño político que uno desconoce cuando es gobernado por quien limita la libertad. Allí, como en Chile de la dictadura, no llego ningún héroe a derrocarlo ni un Salvador a detener su tiranía. Las cosas fueron así hasta que la población se organizo, levantándolo de su puesto y llamando a la democracia.

Las dictaduras son algo que restringen, atacan y denigran la libertad y dignidad humana, pero que lo hacen lentamente y de forma irrecuperable, como un calculo que se calcifica en lo más profundo del ser impidiéndole volar libremente, querer cambiar las cosas.

Como dije anteriormente, las dictaduras no son solo armadas, como las que ocurrieron en Latinoamerica y que ningún libro jamas podrá disfrazarlas de “pronunciamientos” o “gobiernos no-democráticos”. Las dictaduras se presentan también hoy en nuevas y creativas maneras de coartar la capacidad humana de expresarse, crear y vivir. Hay cosas que sin razón hoy las presentamos como lo más razonable y que naturalmente no tienen sentido. Vivimos en la dictadura de los viejos y los débiles que a saberse incapaces de poder innovar en sus vidas no sueltan las cuotas de poder que obtuvieron en convulsionados y confusos tiempos, vivimos en la dictadura del sistema que impide la liberación del tiempo, el ocio productivo: la investigación y la creación, razones por las cuales se forma en igualdad de conocimientos a la comunidad y que resultan inutilizados por la estupidización progresiva de los medios y las formas repetitivas. <Vaya a la oficina 201 donde timbrará ese documento, luego vuelva para visarselo y posteriormente se dirige a Morande 104 para hacer la solicitud correspondiente, si tiene alguna duda, llame al 555-7526 o revise nuestro sitio web>

La dictadura irremediablemente lleva a personas infelices y faltas de virtuosismo, que no fueron capaces de hacer lo que realmente querían. Pienso en la dictadura de la razón económica que vive Mauricio quien no pudo estudiar matemática por que su padre no le acepto otra carrera que no fuera ingeniería comercial y en las personas que preferirían estar trabajando, ganando sus lucas y viviendo tranquilos en el sur y están exclavizados a carreras de cinco o más años que se extienden por la falta de motivación real en una formación determinada. Pienso en quienes se ven amarrados por el <status-quo> a un cubículo de 2x2, con acceso a internet y que su única escapatoria es Facebook en estos tiempos y en la ridícula hegemonía (como la entiende Hegel) de Microsoft sobre los computadores del mundo y el falso estatus que entrega Mac a quienes lo utilizan.

La funcionalidad de la realidad resulta ser insignificante para una humanidad que no es capaz de mostrar su grandeza en no más que algunas personas y personajes, insignificancia producida por su(nuestra) incapacidad de una formación diversa pero equivalente, cosa que arrastra la desigualdad desde muy temprana edad hasta la misma tumba en nuestro país. Estas cosas me son escalofriantemente detestables.

Esas hegemonías intelectuales son las que no me gustan. Estás hegemonías se manifiestan en el fanatismo religioso de los Testigos de Gehova, en la intransigencia comunista, a la barra brava o la irracionalidad social de los gremialistas. Estos fanatismos son dictaduras de la razón que logran encasillar, encerrar y limitar la razón a un conjunto de ideas establecidas y a repetirlas (con o sin ganas) frente a los demás.

A pesar de que todos podemos caer en los fanatismos, la mentalidad crítica que forjan la literatura, los ensayos, la ciencia y la filosofía permiten hacernos “despertar” de aquellos sectarismos y asociarnos bajo el paragua (actual) de la democracia para satisfacer nuestras necesidades colectivas. A pesar de ser perfectible (y aquí sonaré repetitivo y fanático) la democracia es ese espacio de diversidad, tolerancia y pluralismo que se opone a la dictadura, que abre los caminos al cambio ordenado y flexible, siempre y cuando funcione ante los intereses de la gente y no solo de los conglomerados sociales hegemonizantes.

A medida de que me he formado, y con esto termino, creo que una sociedad ideal se articula en organizaciones temáticas, no políticas, capaces de razonar y resolver conceptos y problemáticas pertinentes y colectivas como medios dinámicos y articuladores para hacer acción colectiva y que se organizan como figuras capaces de hacer un trabajo inmanente en el tiempo sin depender de la trascendencia de la figura estructural (partido, colectivo) pero si haciendo inmanente sus ideas. Grandes autores de la historia dan cuenta de ello y trasciende lo más importante de ellos: las ideas, el principal motor de la humanidad, productos de la libertad intelectual y la dignidad del hombre.

Y no me gustan las dictaduras por que ellas cercenan las ideas del hombre.

el constructivismo utópico, la épica delirante

 Porque dejar que las cosas buenas se vayan. O quizás, es tiempo de regresar al texto. 

Hackear el marciano

Hackear el marciano