marzo 19, 2010

F u e g o


El agua hervida por un calor extraño y natural que no trae el fuego me entrega un calor, tanto a mi chocolate con leche con té o café. El mismo calor que senti al reencontrarme con la naturaleza en un viaje al sur donde me queme de tanto sol en los brazos, cuello y nariz. El mismo sol que se ha escondido en Santiago y que en Enero languidecia en tardes secas de un laboratorio solitario.

El Fuego que esta en nosotros, cuando lo usamos bien es capaz de quemar esas inseguridades y derretir esas frivolidades. Este Verano este fuego mio me cubrio entero y me ayudo a liberarme de algunos de mis demonios, a largarme como un cohete encendido en busqueda entropica de mi hermano, en adoptar otro nuevo, en leer en las noches poco calurosas Rayúela y sumergirme en las llamas de mi inconciente con sueños y realidades muy potentes. El verdadero sabor del fuego es amargo como el mate que nunca he tomado.

Y ahora que se acerca el termino de Marzo, el otoño, este fuego no quiere cesar, manteniendose vivo como la llama de un Charmander frente a la lluvia y avivandose con el viento en mi rostro. Ha sido un verano con el ritmo de Les Ondes Martenot gracias a una casual invitación de Gustavo, con pocas pero profundas conversaciones y con la realización de ansiados viajes que calcinaban mi ser, como las llamas que rugen en un asado. Tambien han estado los sonido de Phonix, inspirados en las fogosas aves milenarias, tan reales y concretas como las gaviotas de plata, los recortes de La Tercera y un par de cursos más...

El fuego lo he visto brillar estos días en sus diversas formas y sentir como combustiona la basura acumulada en mi ser, haciendo humo mis falacias y esclareciendo en la humareda de la fogata a los pies de un volcán al comienzo de la noche las creencias y posiciones, las convicciones, los intereses y algunas metas a corto plazo. El mismo fuego que inspira al ser humano prehistorico he encontrado y sabido encender la llama en mis redes digitales, alimentadas globalmente por ese mismo calor extraño y natural que llamamos electricidad. La edad del fuego ha sido superada.

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